¿Puedo explicar a qué nos dedicamos en dos frases simples?
Ponte en situación. Estás en una cena con amigos, en un evento de networking o en la sala de espera del dentista. Alguien se gira y te pregunta: "Y tú, ¿a qué te dedicas?".
Tienes 10 segundos. ¿Qué respondes?
Si empiezas con algo como: "Bueno, somos una empresa líder que ofrece soluciones integrales 360 y sinergias disruptivas para...", te garantizo que la otra persona ha desconectado en la palabra "integrales".
A los gerentes y emprendedores nos apasionan nuestros negocios. Conocemos cada detalle, cada proceso y cada pequeño engranaje. Y ese es exactamente el problema: sabemos tanto, que nos cuesta resumirlo.
El peligro de la confusión
Hay una regla de oro en los negocios que nunca falla: una mente confundida siempre dice "no".
Si un cliente potencial entra en tu web o habla contigo y a los 15 segundos no tiene claro qué problema le solucionas, no te va a comprar. No importa que tu producto sea el mejor del mercado o que tu servicio sea impecable. Si el mensaje es complejo, el cliente buscará una opción más fácil de entender.
La fórmula de las dos frases
Simplificar es difícil, pero es el ejercicio estratégico más rentable que puedes hacer hoy por tu empresa. Tu mensaje no debe hablar de lo increíble que es tu empresa, debe hablar de lo que consigues para tu cliente.
Prueba a construir tus dos frases respondiendo a esto:
¿Qué problema solucionas y para quién?
¿Qué resultado consigues?
Ejemplo de una respuesta mala: "Ofrecemos servicios de consultoría financiera y reestructuración de pasivos para el sector B2B con un enfoque holístico." Ejemplo de una respuesta buena: "Ayudo a dueños de negocios a organizar sus finanzas. Así dejan de sufrir por llegar a fin de mes y ganan tranquilidad."
¿Ves la diferencia? La segunda la entiende todo el mundo.
El impacto interno
Esta claridad no solo sirve para vender más. También sirve para que tu equipo reme en la misma dirección. Si le preguntas a cinco de tus empleados a qué se dedica la empresa, ¿te darían la misma respuesta?
Si la respuesta es no, tienes un problema de identidad corporativa. Y los problemas de identidad acaban costando dinero.
Haz la prueba hoy mismo. Coge papel y boli. Tacha los tecnicismos. Borra las palabras rimbombantes. Escribe como si se lo estuvieras explicando a tu abuela o a un niño de 10 años. Si lo consigues, tendrás en tus manos la herramienta de ventas más poderosa que existe.