¿Tengo dinero guardado en el banco para aguantar 6 meses con la persiana bajada y sin ingresos?
Lee la pregunta otra vez. Hazlo despacio.
¿Qué has sentido? ¿Tranquilidad o un nudo en el estómago?
Si la respuesta ha sido un nudo en el estómago, no estás solo. La mayoría de los emprendedores y gerentes viven en lo que llamamos la "rueda del hámster": facturar para pagar, pagar para seguir abiertos, y volver a facturar. Miramos la cuenta de resultados y vemos beneficios, pero miramos el banco y... ¿dónde está el dinero?
Hoy quiero hablarte de empresario a empresario, sin palabras raras ni fórmulas de Excel imposibles. Hablemos de libertad.
El mito de "mientras facture, todo va bien"
Es la mentira más peligrosa que nos contamos. Puedes tener una facturación increíble, pero si tu caja está vacía, tu negocio es un gigante con pies de barro.
Imagina que mañana ocurre algo inesperado. No tiene por qué ser una pandemia mundial. Puede ser que tu cliente principal quiebre, que una obra en la calle tape tu entrada, o que tú mismo enfermes y no puedas liderar el barco.
Si los ingresos se cortan de golpe, el reloj empieza a correr.
¿Podrías pagar las nóminas el mes que viene?
¿Y el alquiler?
¿Y los impuestos trimestrales?
¿Por qué 6 meses?
Los expertos financieros solemos hablar de un fondo de maniobra de entre 3 y 6 meses. Yo te recomiendo apuntar a los 6. ¿Por qué?
Porque 6 meses te compran tiempo. Tiempo para pensar, tiempo para pivotar, tiempo para reestructurar tu estrategia sin la pistola de las deudas apuntándote a la cabeza. Cuando tienes caja para medio año, no tomas decisiones desesperadas; tomas decisiones inteligentes.
Cómo empezar a construir tu búnker financiero
Sé lo que estás pensando: "Octavi, apenas llego a fin de mes, ¿cómo voy a guardar para 6 meses?".
No se hace de la noche a la mañana. Se hace con disciplina:
Conoce tu "Número de Supervivencia": Suma tus gastos fijos imprescindibles (alquiler, nóminas clave, suministros). Ese es el dinero que quema tu empresa cada mes solo por existir. Multiplícalo por 6. Ese es tu objetivo.
La regla del hormiguero: Aparta un porcentaje de cada factura que cobres. Aunque sea un 5% o un 10%. Muévelo a una cuenta separada. Haz que sea invisible para tu día a día.
Revisa tus gastos hormiga: A veces la liquidez se nos va en suscripciones que no usamos o gastos superfluos que no aportan retorno.
La tranquilidad tiene un precio (y vale la pena pagarlo)
Tener ese dinero en el banco no es dinero "parado". Es dinero que está comprando tu paz mental. Es lo que te permite negociar mejor con proveedores (porque puedes pagar pronto) y lo que te permite dormir 8 horas seguidas sin mirar el techo pensando en el día 30.
Si al leer esto sientes que tu empresa vive al día y esa inestabilidad te está pasando factura, es momento de parar y analizar. No esperes a que venga la tormenta para comprar el paraguas.